"Yo no soy un caballero con brillante armadura. Si alguien como yo tuviese cabida dentro del romanticismo, sería más bien el caballero oscuro, el antihéroe que va a someterte, a exigir de ti hasta el último ápice de placer y entrega que puedas proporcionarme. Querré encerrarte en mi guarida sólo para mí y una vez dentro, te enseñaré a satisfacer todos mis deseos, todas mis perversiones... Y espero que me lo agradezcas como es debido, con una sonrisa dulce y siendo complaciente."


Edward Cullen. Rendición.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Epílogo.

Ni Esme ni yo hubiésemos podido estar allí de esa forma si Edward no se hubiese ocupado de liberarnos de la terrible amenaza de Aro y sus violentos Vulturi.

Suspiré y me quedé observando cómo la luz de la luna arrancaba destellos plateados al diamante de mi anillo de pedida, mientras me esforzaba en evocar amables recuerdos que acallasen el rugido sordo del miedo. Todavía lo sentía en mi pecho cada vez que algún recuerdo de aquel día, en que Aro estuvo a punto de arrebatarme a mi hombre, me asaltaba por sorpresa. Sensación que aumentaba con la circunstancia añadida de viajar de noche en un coche sin Edward a mi lado. No podía evitarlo, aquella pesadilla que Félix me hizo vivir me había marcado profundamente.


Me concentré en rememorar nuestro viaje de bodas, sí, esos recuerdos siempre eran un salvavidas, un infalible escudo contra esa marea de sensaciones angustiosas que se agolpaban en mi garganta como si volviese a vivir los detalles de aquellas horas de nuevo.

Hice un pequeño esfuerzo y cientos de imágenes en rápida sucesión se agolparon en mi cabeza, suavizando como por arte de magia la presión en mi pecho. Miradas, momentos íntimos llenos de cariño, paisajes, los dos sonrientes y a solas, saltando de ciudad en ciudad, de país en país, de la naturaleza salvaje a las ciudades con siglos de historia. Tantos momentos, tantas imágenes que atesorar para siempre…

Como aquella mañana en Kenia en la que despertamos con un enorme elefante paseando justo delante del ventanal del dormitorio que se abría a la inmensa sabana africana y ninguno de los dos pronunció una sola palabra hasta que se marchó, maravillados por lo insólito de la experiencia; o la frondosa naturaleza del Parque Nacional de los Lagos de Plitvice en Croacia, donde el verde que nos rodeaba era tan intenso que por momentos parecía negro;  las Piscinas Naturales de Pamukkale en Turquía y la forma en la que el sol incidía arrancando cegadores destellos del agua cantarina sobre las blancas rocas calizas… De la naturaleza pasábamos a las ciudades sin más hoja de ruta que la oportunidad o el capricho, ligeros de equipaje, si por ligeros de equipaje en el caso del Puto Amo entendemos “solamente” dos bolsos de viaje tan grandes que yo cabría dentro de cada uno sin  ningún problema y un porta trajes.

Sonreí casi para mí misma, todavía notaba en la yema de los dedos el tacto de su piel mezclado con el de las piedras antiguas de los edificios llenos de historia, como el palacio reconvertido en hotel de lujo en el centro de las callejuelas de Toledo en España, la suavidad rugosa de las vigas de madera de su refugio de montaña en los Alpes franceses, donde quise comprobar nada más llegar si su teléfono móvil podía volar, con decepcionante resultado, y los cinco días que pasamos sin apenas salir al exterior, ocupados como estábamos en comer, dormir y amarnos; de ahí pasamos al Valle del Loira y sus castillos, después yo insistí en que fuésemos a disfrutar de las callejuelas, edificios y canales de Brujas. Y aquella mágica noche en la que cenamos en la terraza de aquel pequeño hotel… Cerré los muslos notando un delicioso estremecimiento en mi vientre.

¿Era realmente posible asociar las imágenes idílicas de escenarios de cuentos de hadas, con la abrumadora violencia del deseo apenas contenido, del sabor a sexo en el paladar, oscuro y lleno de matices como el mejor de los vinos?

¿Acaso a las princesas de los cuentos se le erizaban los pezones hasta resultar doloroso? Porque así era como yo me sentía.

En el mundo lleno de contrastes que Edward había elegido para mostrarme en nuestro viaje de bodas, la respuesta era un rotundo sí.




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La casa estaba en penumbras, solamente la luz procedente del estudio de Edward aportaba claridad y su voz sonaba con su característica entonación profesional, amortiguada por las paredes y la rica madera que revestía su Cuartel General. Me dirigí hacia él como si siguiese al Flautista de Hamelín.

Me apoyé perezosa en el marco de la puerta, observando a placer cómo hablaba con alguien por teléfono, metido en su papel de Puto Amo dueño absoluto de la situación, con una copa casi vacía en la mesa y un puro encendido en la mano. Cerrando un buen negocio por lo que parecía.

Le sonreí saludándolo con la mano y él me correspondió con otra pequeña sonrisa torcida y la cabeza inclinada, recorriendo cada centímetro de mi cuerpo con absoluto descaro. Me indicó con dos dedos que entrase y le obedecí procurando no hacer demasiado ruido al andar. Varios monitores estaban encendidos en la pared mostrando cotizaciones de bolsa, informativos de economía 24-7, y el Mercedes negro alejándose de la puerta de entrada, con un recuadro en la parte inferior derecha mostrando el asiento trasero vacío.

Sonreí negando con la cabeza y me acerqué a las licoreras de cristal tallado. Señalé la que me pareció que estaba ligeramente fuera de lugar y lo miré con una muda pregunta en mi ceja alzada. Su sonrisa se ensanchó como toda respuesta y volvió a centrarse en su interlocutor. Le serví una copa y me acerqué hasta esos labios carnosos para darle un beso lleno de intenciones que él correspondió en silencio. Después me senté frente a su mesa a esperar pacientemente a que terminase de hablar con el masculino sabor de su boca bailando en la mía.

Todo en el estudio era la síntesis de mi hombre. La madera, los muebles, el olor, el sabor del puro y el licor que jamás pensé que me gustasen, me volvían loca si venían de sus labios. Me sentía cómoda allí, en su mundo, consciente de que yo era pequeña y suave, aunque fuerte a la vez. Ya no me sentía intimidada por él de aquella forma tan desconcertante en que lo hacía al principio de nuestra relación; ahora sabía que sus demonios y yo habíamos aprendido a entendernos, y que llegado el momento, hasta podíamos bailar juntos.

Maldita sea, podíamos bailar la misma canción incluso por separado, tal y como hicimos aquel día en que Edward terminó con Aro.

De aquellas horas de desesperación aprendí cómo deben sentirse las mujeres que ven partir a sus hombres a la guerra. La angustia al pensar en los posibles resultados, el poco margen de maniobra que queda en esos casos y la forma en que eso me asfixiaba llevándome a la consecuente impotencia compartida con Esme. El estallido de rebeldía desesperada llegó cuando M me informó que teníamos que seguir las órdenes de Edward y esconderme en algún lugar seguro ya establecido de antemano, con una nueva identidad, la cuenta con dinero suficiente como para pagar una nueva vida…

¡Una nueva vida! Aún podía notar lo ecos de la indignación que recorrió mi cuerpo en aquel momento. ¡Él contemplaba todas las posibilidades a pesar de su firmeza!

Y mi consiguiente rotunda negativa a ir a absolutamente ningún puto lugar de este puto mundo, a no ser que fuese a recoger a mi esposo y traerlo de vuelta a casa, con contundentes e imaginativas maldiciones incluidas. Las amenazas de boicot por mi parte, el dilema de M que se debatía entre su obligación y mi desesperación, mis propuestas atropelladas e improvisadas, frente a las alternativas y puntualizaciones por la suya hasta alcanzar un cambio de planes coherente y seguro. La cara del buen doctor cuando lo saqué casi a la fuerza de su despacho y lo metí en el avión sin darle apenas explicaciones…

Las eternas horas de vuelo procurando mantener a raya el miedo, ese mismo miedo solidificando la sangre en mis venas cuando por la ventanilla del avión vi aquel islote arder, después, el inmenso alivio al volver a verlo, besarlo, dando gracias a Dios, a todos los dioses por habérmelo devuelto; de nuevo de regreso al horror al ver hasta qué punto estaba herido…

Hasta que no volvimos a estar a solas en el hotel no terminé de creer que realmente estaba allí conmigo. Fue su deseo por mí, a pesar de estar herido y más afectado de lo que quería mostrarme, lo que terminó de tranquilizarme; no por el placer en sí que me hizo sentir y que vi en sus ojos y oí en sus gemidos guturales, sino porque eso, justamente el conjurar el dolor con el placer es lo que el Luchador buscaba siempre después de vencer un combate.

Y mi Luchador había vuelto victorioso del combate más difícil de su vida. Necesité unos instantes a solas para aclarar mi cabeza de la bruma que había dejado la euforia y poder así entender qué es lo que estaba sucediendo realmente entre líneas.

Cuando regresé a su lado dormía profundamente, rendido al sueño. La lucha no había sucedido apenas unas horas antes, no, la lucha se había prolongado durante la mayor parte del año, casi desde el momento en el que aparecí en su vida. Estaba agotado.

Inspeccioné de nuevo sus heridas y contusiones sin rozarlo, y no pude evitar pensar que parecía un guerrero herido esculpido por manos renacentistas.

Recuerdo que me supuso un gran esfuerzo apartarme de él lo necesario para apagar la luz, porque ver su cuerpo maltratado de esa forma me dolía más profundamente que cualquier herida propia, pero quería que descansase. Recogí del suelo la navaja que lo había herido y la guardé en mi bolso con su determinación a ignorar el dolor en sus heridas muy presente en mi mente, así como su forma de dejarse cuidar. Después me senté en la penumbra a observar su sueño, incapaz como me sentía de tratar de conciliar el mío. Fui testigo de cómo una pesadilla le crispaba los labios en una mueca cruel, despiadada, cómo fruncía el ceño y apretaba los puños sin emitir ni un solo ruido y sin apenas moverse. Entonces me arrodillé a su lado y comencé a musitar palabras amables de amor, le hablé de nosotros, de momentos buenos, del amor que sentía por él, de la primera vez que nos vimos… Hasta que se relajó de nuevo y yo me permití acostarme junto a él para soñar a su lado.

-¿Te encuentras bien? 



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Me alejé de él en dirección a la puerta lentamente, sin darle la espalda, consciente de que sus ojos bailaban indecisos entre mis pechos desnudos y mi boca. Repasé el contorno de mis labios segura de que tenían el carmín corrido igual que los suyos. No pude sonreír, el violento deseo que pulsaba en mi vientre me hacía sentir como una fiera en celo, y las fieras en celo no sonríen a menos que se sientan satisfechas. Él también pasó el pulgar por sus labios y lo miró teñido del profundo color vino que usaba esa noche.

-Isabella. – Me detuve al instante.

-¿Sí?

-Vuelve a pintarte esos enloquecedores labios. Me gusta estropearte el carmín.

Asentí con una leve inclinación de cabeza y me giré, alejándome coqueta de él, sintiendo su mirada sobre mi piel desnuda como algo físico y tangible.

Subí las escaleras con la maravillosa sensación de saberme dueña de mi desnudez y del espacio que me rodeaba, segura de mí misma, ansiosa, con la anticipación corriendo salvaje por mis venas y el pecho lleno de amor y orgullo por ese hombre enloquecedor que con una mano le vende tecnología solar a los dueños del desierto y con la otra mantiene todas sus fábricas en el país a pesar de que los costes son mayores, resistiéndose a la deslocalización que tanto desempleo estaba generando en la zona; también mantenía la fundación, el personal de seguridad, su particular cruzada contra los restos que pudiesen quedar de la organización Vulturi…

Antes de llegar a la puerta del Moulin ya me había terminado de bajar la cremallera del vestido y este caía al suelo nada más cerrar la puerta detrás de mí junto con mi bolso de mano. En el primer vistazo supe que mi inquietud anterior por mi viaje a esa habitación era completamente infundada. Sobre el banco de terciopelo púrpura, un playsuit esperaba para mí; hiciese lo que hiciese, esa noche Edward me quería allí.

No perdí tiempo en dejar caer mis braguitas al suelo y añadirlas al pequeño montón que formaba mi vestido junto a la puerta. Tomé esas tiras de terciopelo color borgoña combinadas con otras de encaje negro formando flores y lo ajusté a mi cuerpo. Me miré en el espejo y me gustó lo que vi: el playsuit envolvía mi cuerpo con delicadeza, como si de un delicioso shibari se tratase, se cerraba detrás de mi cuello y tenía flores de encaje en la unión sobre mi torso y en el pubis para prolongar el juego de esconder el objeto de deseo, en la espalda repetía la distribución de tiras de terciopelo, encaje y flores, sobre mi sexo dos estrechas tiras de terciopelo esperaban a ser separadas por los hábiles dedos de mi Puto Amo. Rescaté mi barra de labios del bolso, me pinté los labios ante el espejo de la pared y me eché el pelo hacia atrás.

Edward no era un dominante que esperaba encontrarme de rodillas, él me quería incitante como en un escaparate de Pigalle o del Barrio rojo de Ámsterdam, así que me senté sobre el banco como me había indicado al dejar allí el playsuit, que era una preciosa ordinariez que hacía que te sintieses excitada con el simple hecho de llevarlo puesto, y no combinaba bien con las posturas recatadas; así que decidí que sentarme a horcajadas con las piernas muy abiertas sobre el banco era una buena forma de resolver el problema. Me situé, enderecé la espalda consciente de que cada movimiento hacía que todas las tiras se reajustasen y repasé mi imagen en el espejo: la flor sobre mi pubis ocultaba parcialmente mi sexo expuesto con esa postura, aún así coloqué mis manos delante para contribuir un poco más a prolongar el juego.

Sus pasos decididos resonaron en el suelo de madera del pasillo y mi corazón se disparó dentro de mi pecho. Contuve el aliento cuando la puerta se abrió enérgicamente. Alcé los ojos despacio y el Puto Amo apareció ante mí, alto y fuerte, en toda su gloria, con la expresión y movimientos propios de un hombre seguro de sí mismo y un destello salvaje en los ojos.

Supe que iba a consumirme por completo con solo ver la forma en la que entró.

Avanzó cerrando la puerta sin decir una palabra hasta la cabecera de la cama, espié su reflejo en el espejo para ver cómo buscaba algo en los cajones del mueble. Bajé la mirada como una niña cuando me sorprendió mirándolo. Reprimí una risa más nerviosa que otra cosa, mientras escuchaba susurros excitantes y misteriosos a mi espalda.

Mi corazón volvió a acelerarse peligrosamente cuando sus pasos lo trajeron de nuevo hacia mí quitándose la camiseta de esa forma extraña en que lo hacen los hombres, tirando de la espalda y potenciando así todos los músculos del torso y los brazos que yo miré procurando no sacar la lengua que quería pasar por todos esos músculos apretados. Se detuvo enfrente de mí y lanzó su camiseta sobre el montoncito de mi ropa mientras yo seguía comiéndomelo con los ojos, hasta que me fijé en la enorme erección atrapada en sus pantalones. Eso no podía ser bueno ni saludable, pobre, semejante magnitud luchando por ser liberada y yo aquí, con las manos vacías…

Edward me alzó la cabeza con dos dedos, con un divertido reproche bailando en la esquina de su boca. Sí, ¿qué otra cosa esperaba? No soy de piedra… Y como ambos lo sabíamos, decidí aceptar mi condición no pétrea y dejé que mis ojos vagaran por los músculos marcados de sus abdominales y la fina línea de vello que bajaba en el centro hacia la tierra prometida, continué en dirección norte hasta sus pectorales bien definidos, la cicatriz todavía rosada de carne nueva sobre su corazón y el hombro cuya visión siempre provocaba reacciones contradictorias en mi propio corazón; su cuello fuerte… y por fin, su rostro, la mandíbula marcada que cortaba como un cuchillo, el mentón poderoso, la línea de su nariz, la sensualidad desmedida de sus labios, sus ojos llenos de deseo y su pelo… largo de nuevo, revuelto en un glorioso desastre que empeoraría a lo largo de la noche. Lo amaba con locura, lo deseaba con vehemencia.

-Estás preciosa, la excitación siempre te ha sentado bien. – Me dedicó aquella sonrisa torcida antes de ofrecerme sus manos. – Demasiado recatada. Ahora muéstrame lo que es mío. – Con la excitación a flor de piel y la respiración superficial tomé sus manos descubriendo así mi sexo que Edward se detuvo a mirar con total descaro antes de levantarme.

-Solamente hay una cosa que te hace aún más hermosa que la excitación: el placer. 



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-Pareces dormida, pero te veo sonreír como si hubieses hecho alguna travesura. – Abrí los ojos ante su voz y lo miré recién salido de la ducha, tenía el pelo mojado casi de la misma longitud que cuando le conocí y algunas gotas de agua perlando el centro de su pecho, con las caderas envueltas en una gran toalla negra que casi le llegaba a los pies. Ensanché la sonrisa que no era consciente de llevar hasta ese momento.

-No quiero salir de la cama. ¿Por qué tengo que levantarme? Quiero quedarme todo el día aquí, me duele todo el cuerpo en los lugares adecuados. – Me desperecé sin el más mínimo atisbo de pudor, mostrándome desnuda y provocativa sobre las sábanas blancas. Pasé mis manos por los pechos para comprobar hasta qué punto mis pezones seguían sensibles al mismo tiempo que cerraba los muslos con fuerza por el mismo propósito científico. Tenía por delante un día interesante en lo referente a zonas delicadas…

La mirada de Edward cobró una intensidad poco compasiva que no presagiaba nada amable para mis zonas en guerra. Mi expresidiario amenazaba con volver, y a ese no había nada que lo calmase, especialmente por las mañanas, así que me quedé quietecita sopesando rápidamente mis posibilidades de salir airosa de un nuevo asalto con ese hombre insaciable.

Debió reconocer las señales de tregua que le enviaba, porque hizo una excelente interpretación de su sonrisa lenta y torcida, y la implacable expresión de sus ojos se suavizó.

-Puedes quedarte si es lo que quieres, pero me gustaría que me acompañases a hacer algo especial. – Me incorporé inmediatamente sobre la cama, olvidando mi deseo de no hacer nada en todo el día, e ignorando la tonta protesta de mis músculos.

-Empecé a sospechar en cuanto te vi ceder tan fácilmente, ahora sé que voy a caer en una trampa. ¿Qué es eso tan especial que quieres hacer? – Cerró sus puños para apoyarlos en la cama y nivelar así nuestros ojos. Seguía teniendo la misma sonrisa seductora y de cerca, la luz que entraba por el ventanal le arrancaba a sus ojos una multitud de destellos azules, verdes, grises y con motas doradas… ¡Joder…! No era justo que fuese tan, tan guapo.

-Hoy es el día. Voy a utilizar tu regalo de Navidad antes de que caduque. – Me dio un ligero beso en los labios mientras yo seguía como petrificada por la sorpresa. Nunca pensé realmente que lo utilizaría.

-¡No me lo puedo creer! Eso no me lo pierdo. Dame cinco minutos para aterrizar y estar presentable y te alcanzo. – Bajé de la cama urgida por la impaciencia que repentinamente sentía, en dirección al baño dispuesta a ducharme y estar lista en cero coma.

-Serán más de cinco minutos. Ya es tarde para un desayuno formal, ¿bastará con café? – Lo escuché a pesar del murmullo del agua de la ducha que ya corría por mi piel y suavizaba la tensión de mis músculos.

-Por supuesto, al menos por el momento. – Respondí levantando la voz para hacerme oír, gesto innecesario porque cuando abrí los ojos él me miraba desde la puerta. – Te ha costado decidirte, ¿eh…? Nunca pensé que llegaría el día en el que viese al Puto Amo del autocontrol reunir el coraje para meterse en una pelota de Zorbing y lanzarse ladera abajo. – Levantó una ceja y bajó la cabeza reconociendo la demora con una sonrisa imposible de ignorar.

-No creas que me está resultando fácil. Pero quiero hacerlo, así que no trates de distraerme ni provocarme, está decidido. – Con esa frase se giró y lo perdí de vista. Juraría que iba pavoneándose como un gallo.

Terminé mi rutina de aseo con el estómago lleno de mariposas, nerviosa como una colegiala sin saber muy bien el motivo. Suponía que porque me hacía mucha ilusión que se hubiese decidido a ceder completamente su necesidad de tener un férreo control sobre él y todo lo que le rodeaba, aunque fuese solo en un juego durante unos instantes. Un paso más, tipo duro. Y en la dirección correcta.

Localicé rápidamente las prendas que Edward había dejado ligeramente descolocadas en la formación militar del vestidor. Lo primero que vi fueron los zapatos, unas cuñas de Dior con una preciosa loneta de flores estampadas, una camiseta de mangas cortas blanca y una falda ligera en tono celeste de Céline, todo pensado para aprovechar el espléndido día de finales de agosto. Elegí ropa interior pequeña y en tono nude de Andrés Sardá y comencé a vestirme. Antes de bajar busqué unas gafas de sol y las metí en mi bolso junto a mi cámara de fotos.

El olor del café recién hecho me llevó hasta la cocina para ver a Edward de pie, vestido con unos vaqueros azul oscuro y una de esas camisas blancas que tan magníficamente bien le sentaban, con los puños remangados hasta los antebrazos. Me tendió una taza mientras me miraba de arriba abajo con total descaro, y lo bebimos rápidamente, sin ni siquiera molestarnos en sentarnos. Después me tomó de la mano en dirección al garaje.

Me sentía ligera y con ganas de reír por cualquier cosa, por cómo me tomaba de la mano con los dedos entrelazados, por cómo abría cada puerta para permitirme pasar primero, por cómo se le ajustaban los vaqueros a las caderas, o porque su café estaba demasiado caliente mientras que el mío lo había preparado a una temperatura perfecta.

-Veo que Emmett te ha devuelto la moto. – Comenté al verla en una esquina del garaje.

-Así es. – Quizás fuese la forma en la que lo dijo, o el repentino fogonazo de pura malicia que me pareció ver en sus ojos, pero algo me dijo que había más detrás de esa simple respuesta.

-¿Él lo sabe? – Me lo confirmó su sonrisa arrogante.

-No ha llamado todavía, así que supongo que aún no lo sabe. – De nuevo me ofreció un motivo más para mi risa.

-Pues sí que estuviste ocupado anoche… – Edward se limitó a guiñarme un ojo sonriente y desvergonzado al abrir la puerta del Alas de Gaviota para mí.

El motor rugió y nosotros volamos bajito en dirección al terreno de la empresa de Zorbing. Edward aparentaba estar relajado, como si no le afectase en absoluto lo que estaba a punto de hacer, pero yo que había aprendido a conocerlo bien y a observar cada uno de sus gestos, lo veía tragar con quizás demasiado frecuencia. No le comenté nada y disimulé mi hallazgo, dejándome llevar por las notas saltarinas y despreocupadas de Chick Corea.

Cuando llegamos a la cima de una suave colina con un prado amplio y verde a nuestros pies, comencé a sentir de nuevo las mariposas como si formasen un enjambre. Hacía una mañana espléndida, apenas sin nubes que tapasen el ardiente sol.

Saludamos a los encargados y me alejé un poco para observarlo todo a una prudente distancia y aproveché para sacar algunas fotos. Con el zoom de la cámara pude comprobar que la pista por dónde se lanzaría estaba ligeramente curvada hacia el interior y limitada por unas vallas a lo largo de todo el recorrido. En la cima a Edward le daban algunas nociones sobre los mecanismos de anclaje y seguridad; abajo en el valle, dos miembros de la empresa esperaban para detenerlo cuando terminase de bajar, impidiendo que continuase en dirección oeste hasta que se encontrase con algo que lo detuviese, al más puro estilo vikingo.

Me sentía nerviosa. Volví a enfocar a Edward y tomé algunas fotos. Él miró hacia mí y me sonrió a través del objetivo, parecía estar disfrutando de toda la experiencia a pesar de su recelo anterior.

-Ven, hay otra para ti. – Retrocedí un paso instintivamente y faltó muy poco para que me torciese el pie con esas cuñas de tacón y una raíz del árbol bajo el que estaba.




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Una ciudad viva que bullía de actividad, y nosotros, paseando en medio de todo eso mezclándonos entre el gentío como si no hubiésemos hecho otra cosa en la vida. Aunque Edward tras sus gafas de sol escanease la calle con intenciones menos amables que yo. Sabía el esfuerzo que estaba haciendo, sabía que él estaría más cómodo en el interior del local en una mesa del fondo con buena visibilidad de la entrada, y también sabía que había pedido esta mesa y no otra por mí, para darme esa vida que me había prometido y que ahora estaba en condiciones de ofrecerme.

Dejé la carta sobre la mesa y lo miré a placer tras la discreción de mis gafas de sol, hasta que atraje su mirada hacia mí. No me hizo esperar más de un par de segundos.

-No soy capaz de decidirme. ¿Te importaría elegir por mí? – Una sonrisa cómplice le iluminó la cara. Se quitó las gafas para dejarlas sobre la mesa y con sus dedos largos y estilizados, acarició mi mano sin apartar sus hipnóticos ojos de los míos. Correspondí a su gesto de cariño pasando suavemente los dedos sobre las pálidas cicatrices de sus nudillos con todo el amor que guardaba en el pecho para él.

-Me gusta elegir tu comida por ti. – Me levanté mis gafas de sol para que él también pudiese ver mis ojos y las dejé sobre mi cabeza.

-Lo sé. – Conseguí responderle casi en un susurro. De repente estábamos dentro de nuestra particular burbuja y el resto del mundo había desaparecido.

Cuando llegó el camarero para tomarnos nota, Edward volvió resuelto a la carta y pidió café, panecillos dulces con mantequilla y mermeladas, baggels rellenos de salmón ahumado y mantequilla de eneldo, queso con miel e higos, y en una transición de lo más natural continuamos por la segunda ronda con un vino blanco afrutado y ligero, acompañando varios cortes de carne de ave asada fría, ensalada de frutos secos y verduras confitadas.

Ambos comimos con apetito, disfrutando del soleado mediodía; algunas personas ocupaban mesas cercanas, otras pasaban por nuestro lado, concentradas en sus pensamientos, o se saludaban afectuosos entre ellos ajenos por completo a nosotros. Si alguien reconoció a Edward por sus negocios, o a mí por aquel escandaloso reportaje, no hizo el más mínimo gesto que lo delatase. 

Éramos una pareja más, ignorada educadamente, exactamente igual que cualquier otra. Bueno, quizás no tan ignorados cuando Edward se levantó para elegir personalmente algo del bufé de las carnes, y varias miradas femeninas, muchas en realidad, lo siguieron hasta que desapareció en el interior. Sonreí con total descaro, era mío y podían mirarlo cuanto quisiesen, que nada cambiaría ese hecho.

Me lanzó una mirada desde el bufé para comprobar si estaba bien. Ese era uno de esos detalles que habían cambiado, antes, en lo más crudo del enfrentamiento con Aro, difícilmente me habría dejado sola en una mesa en algún lugar público, aunque fuese por unos instantes.
                        
Para mí suponía un cambio asombrosamente refrescante. No porque antes me sintiese encerrada o demasiado controlada, sino porque en mi interior sabía que entre esas posibles miradas ya no estaría la de los Vulturi con sus peligrosas intenciones.

Aquel día, en aquel islote, nuestras vidas experimentaron cambios importantes, y desde entonces era como si navegásemos con vientos más amables. ¿Significaba eso que nosotros, sobre todo Edward, habíamos cambiado?

Quién sabe…

¿Acaso una pantera deja de ser un animal salvaje cuando duerme con el estómago lleno? ¿O un luchador deja de serlo cuando no está combatiendo?

No, los hombres como Edward no cambian jamás, están forjados de esa forma, al igual que las mujeres como yo. Solamente pedía una cosa a quien fuese que tejiese los hilos del destino: que ya no hubiese más noches de combates para él.

Todos parecíamos disfrutar de la calma, Edward, y por supuesto yo misma, y esa tranquilidad se reflejaba a nuestro alrededor, como si lo proyectásemos a todo lo que nos rodeaba, a nuestra familia, los amigos, el trabajo…

Pensar en el trabajo trajo la Fundación al frente de mis pensamientos. No solo seguía en marcha, sino que había intensificado su labor. Contratábamos a Stefan Kroener para casos puntuales, gracias a él localizamos a los familiares de aquellos chicos del islote que Edward había salvado de su destino. Shannon seguía sin aparecer, pero no dejábamos de buscarla.

Mi hombre se acercó de nuevo a nuestra mesa como si nadie hubiese llevado mejor unas gafas de sol en toda la historia, poniendo ante mí un plato con algunos cortes de carne rosada, queso y uvas.

-He traído algo más de carne para ti, es pato, pruébala está en su punto. – Creo que le di las gracias todavía con la sonrisa puesta, pero poco más, porque mi mente volvía a mirar directamente a un anhelo que albergaba muy dentro de mí, en el más profundo y secreto confín de mi corazón. – ¿Qué sucede?

Me enderecé en mi asiento sabiéndome pillada in fraganti. En varias ocasiones me había preguntado, y en varias ocasiones había improvisado una excusa y cambiado el tema con más o menos acierto, pero nunca, ni por un solo momento había conseguido convencerlo realmente.

-Nada, solamente te miraba. – “Nada, solamente quería decirte que me gustaría que tuviésemos un hijo y no estoy segura de cómo vas a tomártelo cuando te lo sugiera.” Tampoco estábamos en el lugar más adecuado para hablar de un tema tan íntimo.

-No, me mirabas en silencio y sonreías. Esa combinación solo puede arrojar dos resultados: o estabas regodeándote en algún recuerdo, o estás tramando algo; me inclino por esto último. En cualquier caso espero tener algo que ver con esa sonrisa.  


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El crepúsculo caía lentamente cuando regresamos a nuestra casa, algunas nubes rojas cubrían el cielo y con seguridad eran las causantes de que todavía hiciese bastante calor. La piscina exterior supuso una tentación demasiado grande como para que la ignorásemos, me puse rápidamente la parte de abajo del bikini, sin la superior, y Edward el bañador, y nos zambullimos para disfrutar del frescor del agua. La del bikini fue una batalla que apenas tuve que librar, si hice topless en casa de mis suegros, no había razón para que no lo hiciese en mi propia casa, los chicos de seguridad sabían con quién se estaban jugando el tipo y desaparecían como por arte de magia de la zona de la piscina, dándonos completa privacidad y libertad.

Me quedé mirándolo de nuevo, por millonésima vez en el día, mojado, fuerte, la tranquilidad le suavizaba en cierta forma la penetrante mirada, le dulcificaba los labios y la frente, los gestos de las manos, las reacciones… Dios, en ocasiones reía como un niño, como esa misma mañana.

-Sigues teniendo esa extraña sonrisa. Dime lo que callas. – Al quedarme anclada en su mirada, pensé que no tenía por qué callar absolutamente nada ante él, y me decidí a plantear el tema.

-Voy a pedirte algo, pero no te pongas nervioso, no tiene por qué ser ahora. – Sin embargo algo nervioso sí que se puso y acortó de dos brazadas la distancia que nos separaba, pegándome contra la pared de la piscina con sus manos apoyadas en el borde a los lados de mi cabeza. El agua le llegaba por el pecho y la cicatriz que le surcaba hasta el hombro quedaba visible.

-Puedes pedirme lo que quieras, estamos en tu elemento, ya sabes que rodeado de agua estoy en tus manos. Dime qué es lo que quieres, qué puedo darte. – Acaricié su mandíbula, sus pómulos y el pelo mojado, sus labios antes de acercarme para darle un beso lleno de amor por él. Por todo él. Su cercanía siempre me resultaba enloquecedora y reconfortante al mismo tiempo, no era capaz de pensar con claridad, así que ni me molesté en intentarlo, solamente le abrí mi corazón.

-Quiero un hijo. – Pude ver la momentánea confusión en sus ojos, algo que esperaba, pero me gustó que su cuerpo no se separase del mío ni un ápice.

-Un hijo… ¿Estás segura? – Parecía sorprendido y no al mismo tiempo. No sonreía, tampoco deba la impresión de rechazar la idea. Me rodeó la cintura con uno de sus brazos, sus ojos parecían buscar el camino para entrar en mi mente, mientras que su otra mano recorría mi cuello y mi hombro. Yo le rodeé su cuello con mis brazos y me pegué a él todo lo que pude sin dejar de mirarlo.

-Completamente segura desde la noche que pasamos en Hanoi. – Frunció el ceño con la cabeza ligeramente inclinada.

-¿Por qué? ¿Por qué estás segura desde aquella noche y no cualquier otro momento? – Estreché aún más mi abrazo en torno a él. Inspiré profundamente y miré al cielo buscando las palabras adecuadas en mi mente. Cuando pensé que las tenía, volví a mirarlo y le sujeté la cara con ambas manos.

-Porque creí perderte. Cuando supe del elaborado plan que habías trazado hacía tanto tiempo para ocultarme y mantenerme a salvo, para dejarme más dinero del que jamás podría haber gastado en previsión de que te sucediese algo... – Tragué el nudo en mi garganta y negué despacio con la cabeza. – Pensé que quizás no pudieses cumplir tu promesa de regresar a mi lado y pensé… pensé que si te perdía no me quedaría nada. Nada por lo que mereciese la pena seguir luchando sin ti.

El tiempo se detuvo con el crepúsculo suspendido del cielo, mientras nosotros nos mirábamos el alma a través de los ojos. Edward fue el primero en cerrarlos antes de estrecharme entre sus brazos con tanta fuerza, que casi resultó doloroso. Yo también cerré los míos y enterré la cara en el hueco de su cuello, aferrándome a él con tanta fuerza como pude.



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Entre las páginas de ese cuaderno guardaba mi memoria, recuerdos como el papel plegado del cisne que Jane me dio en Milán, resguardos de billetes de avión de nuestro viaje de novios, del envío de UPS… La navaja que hirió a Edward descansaba sobre mi escritorio, con ella había abierto el sobre cerrado con información confidencial sobre la evolución de Shannon, la viuda de Félix; ahora se encontraba en una pequeña y discreta casa en los suburbios, protegida, traumatizada, y según los informes psicológicos, muy afectada por la pérdida de su esposo. Pérdida que yo no podía lamentar por más que lo intentase, aunque la compadeciese de todo corazón. Gracias a Stefan habíamos conseguido localizarla y sacarla del mundo en el que vivía, su colaboración con la fundación había sido crucial en este delicado y largo asunto.

Ese informe suponía la otra cara de la moneda que tan fácilmente hubiese podido ser mi historia, si Aro hubiese conseguido atraparme aquella noche en la que Félix intentó secuestrarme y por la que tan alto precio pagué. No habíamos vuelto a saber nada de Jane.

Un gorjeo alegre a mi lado captó toda mi atención, consiguiendo borrar el resto del mundo por completo. Giré la cabeza para contemplar lo más maravilloso del mundo.

-Hola, cariño mío. ¿No quieres dormir más? ¿Tienes hambre? – Patrick sonrió ante el tono cantarino de mi voz, o eso quise pensar. Nuestro hijo tiene apenas tres semanas y es un niño sano y fuerte; tiene los ojos de ese color indefinido que parece azul de casi todos los recién nacidos, y la cabecita con una pelusilla rubia, suave y casi inexistente.

Lo tomé en brazos y besé su cabecita, aspirando el olor cálido que desprendía su piel. Lo acuné contra mi pecho tratando de manejar el enorme caudal de emociones nuevas que me hacía sentir.

Hubo momentos al comienzo del embarazo en que temimos por él, y tuve que guardar algo de reposo. Fue en ese momento cuando comencé a escribir nuestra historia, pero por suerte es un niño terco como yo y todo un luchador como su padre, un superviviente. Durante el resto del embarazo no hubo ningún problema, y digamos que mis hormonas y yo nos dedicamos a acechar la salida de la prisión para saltar como una fiera en celo sobre mi expresidiario.

Como anécdota dejé por escrito que conocí a Ryan Gosling en una fiesta cuando más embarazada estaba. Nada que ver la primera impresión que tuve de él, con la que tuve de Edward. Es como si comparásemos la magia que supone encender la luz de una habitación, con el Big-Bang que supuso encontrarme por primera vez con la mirada de Edward. Por algo era mi hombre.

-Ven, vamos a ver qué está haciendo papá. – Envolví a Patrick en una manta ligera de algodón y bajé con cuidado las escaleras con mi más preciado tesoro en los brazos. Apenas notaba su peso en mis brazos y su piel desprendía un olor indescriptiblemente cálido.

El estudio estaba vacío, pero la música de Coltrane sonaba desde el equipo con el inconfundible matiz rasgado del vinilo. La puerta que daba acceso al jardín se encontraba abierta, tras ella Edward miraba pensativo el paisaje, vestido con unos pantalones de traje negro y una camisa impecablemente blanca, sin chaqueta ni corbata, en su postura habitual con los brazos cruzados sobre el pecho. No puedo asegurar si me oyó hacer algún susurro al andar, o simplemente porque percibió nuestra presencia, pero se giró hacia nosotros y desplegó una enorme sonrisa como nunca le había visto antes de que naciese su hijo.

-Hemos venido a ver qué hacías. – Acortó la distancia entre nosotros y le ofrecí a nuestro hijo para que lo acunase contra su pecho. Lo tomó con sumo cuidado, con la cabecita en la palma de su mano como si fuese algo frágil y sus manos pudiesen hacerle daño.

-¿Estáis bien? – Sonreí y me alcé sobre las puntas de los pies para besarlo.

-Los dos estamos perfectamente. – De alguna forma se las ingenió para mover a Patrick de tal forma que también pudiese rodearme por la cintura con su otro brazo.

No podía pedir nada más.

-Dame tu mano. – Obedecí sin dudarlo, sintiendo curiosidad por el tono solemne de su voz. – Así, tócame el pecho, justo en el centro. ¿Puedes notarlo? – Notaba su fuerte latido, sus músculos tensos, la suavidad de su piel bajo la camisa. Alcé los ojos y me encontré con los suyos. – Dentro de mí. Es como si cada molécula del hombre que soy entonase un grito de satisfacción, de felicidad, de agradecimiento. Me siento pleno, y es gracias a ti.

Mi corazón hacía cosas muy extrañas desde hacía mucho tiempo, y esa confesión inesperada lo hizo temblar de pura emoción. Lo besé de nuevo. Lo besaría mil veces. Lo besaré mil veces.

-Ambos hemos luchado mucho para merecernos este final. Ninguno de los dos nos rendimos. – Me estrechó aún más contra él y mi abrazo se dividió entre su cintura y la espalda de nuestro hijo que se había vuelto a quedar dormido sobre el corazón de su padre.

-Pero esto no es el final, apenas es el comienzo.

-Es cierto. Apenas es el comienzo de nuestra historia. – Edward pareció sentirse satisfecho con mi respuesta. Me había dicho la verdad como siempre hacía, su pecho estaba lleno, igual que el mío.

-Doy por buenas y justas todas y cada una de mis experiencias si te sirven de guía, hijo mío. – Susurró sobre la cabeza de nuestro hijo, antes de darle un beso suave. Patrick pareció acomodarse aún más sobre su corazón. Mis ojos se llenaron de lágrimas de felicidad.

-Isabella… – Llamó mi atención apenas en un murmullo para no despertar a Patrick. Tenía el ceño levemente fruncido y los labios carnosos entreabiertos. – Tengo que confesarte algo: Te amo desesperadamente.

Cerré los ojos con fuerza para grabar a fuego este momento en mi alma y me perdí en sus labios una vez más.

No podía pedir nada más.

-Te amo, Edward. Desesperadamente.

Anotaría este momento como broche final y dejaría de escribir nuestra historia. Me sentía celosa de nuestra felicidad y mis pobres palabras no eran más que una pálida sombra de la intensidad de lo que realmente sentíamos.

Ya era suficiente. Las personas que son felices rara vez tienen historias interesantes que contar, además sería temerario que nuestra historia cayese en otras manos y se hiciese pública.

La decisión estaba tomada, destruir este cuaderno es lo acertado. 




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28 comentarios:

  1. por esta noche y a la espera de leermelo varias veces, s´lo quiero decirte GRACIAS

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  2. GUAU

    No sé que decir, menudo capítulo! Menudo final!!! Menuda historia!!! Voy a extrañar al Puto amo, y a esta Bella que me encanta, pero seguro que la Re-leo en nada de tiempo, ahora toda junta sin esperas eternas :)

    Sólo me queda darte las gracias por transportarme a este mundo maravilloso que salió de tu cabeza. Gracias gracias gracias!!!! Eres genial. Un besazo!!!

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  3. Esther, sólo darte las gracias por tan magnífica historia, que como he dejado escrito en mi review, es digna de ser plasmada en un libro.
    Nos has hecho pasar momentos amargos(eres única describiendo emociones), momentos felices, tristes, divertidos...
    Sólo una buena escritora, sabe trasmitir a sus lectores los estados de ánimo de sus personajes y hacer que los sintamos en carne propia.
    Un abrazo ¡¡GENIO!!

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  4. No estoy lista para despedirme del Puto Amo. *se va llorando otra vez*

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  5. nena gracias que triste despedir a mi puto amo ahora solo queda releer mas nada GRACIAS

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  6. Muchas felicitaciones por la historia, por tu talento, por la constancia, por tu paciencia con las fans que te piden siempre mas,...
    Espero encontrar esta historia (con distintos nombres) a la venta en las librerías, y que me firmes mi ejemplar.
    Un beso y gracias por compartir tu talento.

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  7. ¡¡¡Gracias!!! ¡¡¡Felicidades!!!
    Por crear al Puto Amo y compartirlo con nosotras, ademas de dejarnoslo, porque cuando lo extrañe (y estoy segura de que lo haré) solo tengo que abrir la compu y con unos cuantos 'clic' volveré a tenerlo enfrente, en verdad Muchas Gracias!!!!!
    Felicidades porque como te puedes dar cuenta el Puto amo es todo un éxito, ¿Sabes cuantas alegrías, lagrimas, ansiedad, y momentos felices *movimiento de cejas sugestivo* le debemos a tu maravillosa mente??. También por ello: GRACIAS!!!!
    También a ti te voy a extrañar, así que si en algún momento quieres deleitarnos con otro fic, sabes q serás absolutamente bien recibida. ;)
    Un abrazo.

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  8. Aprovecho desde aquí para decir que quiero un playsuit!!!! Ahora en serio, gracias Esther.

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  9. Vale ya está bastante leído, pensaba dejarte un análisis gigante sobre el capítulo, pero no creo que pueda escribir más sobre como han cambiado los personajes, como cambió la historia...d manera suave,lenta,elegante...como cd el Puto Amo iniciaba a la Peña Golfa en su vida sexual.
    Sí quiero escribir sobre ti. Sobre ti como escritora,pq es lo q eres, quizás lo fueses antes d esta historia, pero ha sido realmente precioso verte crecer con la historia. Parecías tímida al principio, precavida, fuiste subiendo una colina a paso lento y seguro, llegaste a la cima donde se te reconoció lo maravillosa que era esta novela y seguiste caminando por esa cima, nunca bajaste, aunque estoy segura que en más de una ocasión quisiste meterte en una burbuja de plástico y lanzarte por esa ladera ;).
    Casi tres añitos tiene RENDICIÓN, se dice rápido 3 años, recuerdo cuando actualizabas todos los martes sin falta, recuerdo cuando ponías un teaser los lunes.....recuerdo notarte apurada cuando la historia empezó a ser más compleja y tu sentías la neesidad de seguir actualizando como habías prometido, recuerdo decirte que te relajaras, que dieras un paso atrás y escribieses lo que quisieras, al paso que pudieras, y recuerdo que cuando te dije eso me dijiste algo asi como: No me gusta no cumplir con mis responsabilidades........sólo tu ...
    Me gusta leerte, sabes pq¿? entre otras muchas cosas, pq me gusta leer a personas que son abviamente inteligentes, cultas, soltabas algo sobre técnica informática o sobre ánalisis financieros como de repente nos enseñabas cultura nipona....perfecto.
    Sabes que te seguiré siempre, sabes que cuentas con mi apoyo, siempre lo has hecho, prácticamente desde el principio.
    Ha sido maravilloso acompañarte en este viaje, pero no me despido sólo empezaré a preparar las maletas para otro, cuando sea y en la forma que sea ;).
    El título de este libro no podría ser otro, ambos se rindieron....
    Un beso grande, un abrazo fuerte, y GRACIAS!!!
    Saludos desde sabes donde.
    Pd: "Girl ya gotta love your man
    Girl ya gotta love your man
    Take him by the hand
    Make him understand
    The world on you depends
    Our life will never end
    Gotta love your man, yeah "

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  10. Buenas Esther!!
    Ya te comenté por ff pero lo hago también por aqui. Voy a comentarte el epílogo que en el coment de ff lo hice un poco de forma general.
    Me encantó el capi, es una delicia ver como los dos continuan su vida, por fin tranquilos y felices. Se lo han ganado. Su luna de miel fue alucinante, hicieron lo que les apeteció, yendo a los lugares que quisieron, sin rutas, ni itinerarios, dejándo a un lado los tópicos...simplemente dejándose llevar. Genial anécdota lo del elefante, no me extraña que los dos se quedasen flipados cuando lo vieron. También lo del castillo, ese polvo ahi contra ruinas centenarias jaja.
    Me encanta ver que, aunque Edward no baja la guardia, está mucho más relajado en el tema de la seguridad, por ejemplo cuando deja a Bella sola mientras él va al buffet de carnes. Antes eso era impensable.
    Lo que de verdad me encantó fue cuando Edward hizo lo del Zorbing, desprendiéndose totalmente del control de todo a su alrededor y simplemente dejarse caer colina abajo. Y esas carcajadas que suelta después y la sonrisa y la forma de contarlo todo, como si fuera un niño pequeño.....ainsssss que ganas tenía de ver a ese Edward.
    Y bueno, que decirte del lemmon....fue espectacular, el broche de oro a una historia súper apasionada que han tenido los dos desde el principio. No me extraña que terminen los dos hiperventilando jaja.
    Y ese niñoo, por fin tienen a su niño después de ese terrible aborto. Me derrito entera al imaginar al Puto Amo con Patrick en brazos. Y si por un casual tienen una niña....que se prepare la pobre porque me da que el papá estará detrás de ella con un bazuca para espantar a los posibles pretendientes xDDD.
    Sabía que me iba a dar alegría y pena leer el último capi de Rendición, pero cuando lo terminé sentí un vacío enorme. Aún lo siento. La sensación que me queda es muy agridulce, muy buena y feliz por un lado porque estos dos encontraron la felicidad que tanto se merecen y muchísima pena porque esta increíble historia por fin toca su fin, después de casi 3 años, que se dice pronto.
    Ainssss y ya no se que más decir que no te haya dicho ya. Eres una gran escritora, transmites muchísimo con tus historias y haces que el lector quede absorvido por ellas. Nos has hecho aprender un montón de cosas de economía, se informática, de seguridad, de cultura nipona...contabas las cosas como si tú fueses M....es increíble lo bien preparado que tenías cada capítulo con sus correspondientes fotos...con todos los detalles cuidados al milímetro. Espero poder leerte en otra historia pronto. Entiendo que quieras tomarte un descanso porque ha sido una historia larga, con unos cuantos incidentes gracias a personas envidiosas, y hay que desconectar un poco el chip. Pero en cuanto vuelvas, ahí estaré.
    Un besazo enorme guapisima y gracias por esta historia!!!
    Vero.

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  11. Como siempre, la espera valio la pena; un excelente capitulo y final para una gran historia. Extrañare al PUTO AMO!!

    Espero tener noticias tuyas muy pronto, gracias por compartir la historia a pesar de todo.

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  12. hola!!

    solo vengo a decirte una cosa:

    GRACIAS!!!!

    gracias por haber compartido
    con nosotras esta magnifica historia
    en la cual pudimos conocer
    la vida del PÙTO AMO, en verdad que amo
    esta historia de hecho es mi favorita

    espero que sigas compartiendo mas historias

    eres una magnifica escritora

    muchas felicidades

    ATT: Ivonne O.

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  13. me encanto estas historia gracias por compartirla con nosotra

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  14. Solo tengo que decir que espero que mi review no se pierda entre la tonelada que seguramente te va a llegar jajaja. Por ahora, mi dedo esta tecleando "Rendición capitulo 1", si, así de buena es. :) Un gran abrazo!

    aka Ranneechan

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  15. despues de tanto tiempo parece mentira que nuestro Puto Amo y la pequeña golfa se despidan de nosotros, no hay palabras para describir lo que esta historia a significado para mi, el querer mas y mas, solo te puedo decir que muchas gracias por cmpartir con nosotras esto y que espero volver a seguir una de tus ideas prontito un beso y hasta siempre
    maryecullen78

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  16. FELICIDADES, es la primera vez que dejo un comentario,pero no podía dejar esto sin hacerlo.Me as dejado impresionada con esta historia no solo por su argumento sino por todo esos sentimientos que as sabido plasmar también en todos esos personajes,tiernos amorosos pero a la vez fuertes, duros, magníficos, me da pena que termine pero alguna vez tenia que ser,ojala que hicieras otra historia tan completa como esta, pero eso solo tu lo sabes, Un abrazo y seguiré mirando por si decides hacerlo,solo me queda volver a leer la historia otra vez, ya seria tres veces.Gracias

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  17. ENHORABUENA, ya deje mi rr en fanfiction, pero como me gusta tu blog y creo que es un gran trabajo, solo queria darte las gracias por estos meses tan maravillosos,y llenos de imaginación. Espero que sigas escribiendo , por mi parte tienes una gran admiradora y si en el futuro editas aqui tienes una compradora y lectora de libros.
    HASTA SIEMPRE.
    Carlota desde Madrid.

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  18. Hola... sinceramente siento que la palabra "Gracias" se queda corta con todos los sentimientos que siento en este momento... fueron 3 maravillosos años en los cuales nos tuviste pendiente de esta historia y hoy llega a su fin....aunque como dicen "genio y figura, hasta la sepultura" y nos dejas con un final que nos pone a pensar, eres mala Esther al dejarnos así, pero ese es uno de tus grandes dones, mantener al lector pendiente de cada palabra que escribes, así que a releer Rendición y encontrar esa pieza del rompecabezas para saber quien tiene razón de las tantas teorías que he leído.. y aunque no quiero que termine (¿que vamos a hacer sin el Puto Amo?) entiendo que hay ciclos que tienen que cerrarse, así que no me queda más que resignarme, aunque ¿hay alguna posibilidad que tengamos algún regalo de aniversario para el 07 Julio? digo, algo así como "20 años después" ^_^.... en fin, me extendí demasiado, pero era algo que tenía que decirte... ahora si, te deseo lo mejor, si continuas con tu maravilloso don de escribir, en mi tendrás siempre una fiel lectora.... Desde México un abrazo y bendiciones
    Gracias y hasta luego ^_^
    Litzy

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  19. No hay palabras!! Esther te felicito! eres una gran escritora y para mi este fic deberia ser publicado, gracias por compartirnos una historia llena de todo!! creeme que las palabras no alcanzan!! Eres Grande linda!! Besos!!

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  20. Hola por aqui.
    Bueno pues que puedo decir que no te haya dicho ya, que ha sido una historia preciosa y le has puesto el mejor final imaginable, sobre todo esas ultimas palabras de él, ese te amo desesperadamente creo que resume todo la esencia de la historia en sí y todo lo que el Puto Amo ha sido capaz de llegar a hacer por ese amor.
    Tengo como ya te dije por FF un montón de sentimientos encontrados, alegría por ese final tan maravilloso y pena porque ya se acabó pero realmente ya no había nada mas que contar.
    Solo decirte que espero verte por aqui con otra nueva idea, cuenta conmigo para leerla.

    Muchos besos.

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  21. Por fin pude leerla completita sin esperar mucho y no sabes como ha sido toda una semana de carrera de emociones, alegria, tristeza, rabia, deseo...
    Ufff de todo jeje.
    Graciasss Esther por esta magnifica historia la cual como todos dicen deberias plasmarla en un libro de todas maneras, es muy muy buena!!!!
    Ok besos y espero te inspires pronto para seguirte leyendo, chau y gracias otra vez
    Lo

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  22. FELICIDADESSS por tus tres años desde q comenzaste la historia. Esta novela no se merece más q elogios, asi q no me qeería perder su aniversario.
    Un beso y fracias x escribirla

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  23. mencanto ni cincuenta sombras ni anastasia el rey es el puto amo niña ke mente tienes publica niña publica aki estan todas con las bragas en lamano si haber conocido al puto amo con el se corren seguro ja ja .yote he estado leyendo casi desde el principio y siempre me encanto pero bueno tanta publicidad le estaban haciendo al libro ke lo lei ,si la triologia solo digo algo menos mal que me la prestaron.....cuando una se acostimbra a lo wueno como dicen aca lo demas es sucedaneo- un beso y perdona pero si no te lo comento reviento. tambien e intentado con sachita porque las dos sois tremendas cada una en su estilo no hay que pner ni quitae arte ni esencia a nadie pero ella a privatizado y por lo visto la deje un poco de laso buno que sois fantasticas oye no sabe el(gran publico) lo que se pierde.

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  24. Y...¿¿Dónde andas Guapa??

    ¿¿Que haciendo??

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  25. Hola me encanto tu historia escribiras algo pronto????
    Gracias

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  26. Hola después de algún tiempo quise releer la historia pero me doy cuenta que se retiró de ff y aquí en tu Block no la encuentro completa, no se si tu cómo autora o alguien que la haya descargado completa me la pudiera pasar se lo agradecería muchísimo. Mi correo es lezti15@Gmail.com
    Gracias de antemano.

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  27. Hola me gustaría de una forma que no te puedes ni imaginar releer otra vez esta historia, porque soy una de esas lectores fantasma que te acompañaron en el viaje mientras ibas escribiendo la maravillosa historia que e rendición que me ha hecho reir, deseperarme y llorar, es una de esas pocas histortias que cada cierto tiempo siento la necesidad de releer para comprobar maravillada una vez mas que es incluso mejor de lo que creía.

    Pero al haberla eliminado no puedo releerla y no te puedes imaginar la congoja y las ganas que tengo de volver a sumergirme en la historia de nuestro puto amo y nuestra pequeña golfa.

    Por favor, si alguien la tiene y me la puede pasar le estaría infinitamente agradecida, allá pasado un mes o 10 años desde que escribo esto, por favor.

    Mi correo es silviaf02@hotmail.es

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  28. Hola he leido tu historia unas 20 veces me encantaria poder releerla mil veces mas, si alguien la tiene me la podria mandar? ayelen_22@hotmail.es

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